Me coroné la sien con la medalla
De mentiras, del falso protocolo
Por vil, en fin, por cruel y por canalla
Únicamente fiel a mi doctrina
Con razón me encontré besando solo
El hueco permanente en la vitrina
De trofeos en la esquina del salón.
Querría ser la roca que derrumba
Los fangosos cimientos de la Historia
Y al morir bailarían en mi tumba
Mis versos mas profundos y con suerte
Arderían las naciones en memoria
De aquel que vivió solo hasta la muerte
De aquel que trajo al mundo al paredón.
Podrido entre gusanos fumaré
cianuro, once gramos por cada uno
De los litros solidarios de la fe
Perdida, pues mi boca sabe a miel
La olieron los ratones y ninguno
Marchó sin a mordiscos en mi piel
Grabar la imagen negra de un peón.
Siempre fui un poco más que un tanto extraño
Nunca me gustaron mis recuerdos
Libros de cuentos para no hacer daño
Creó mi mente y al fin de cada año
Pongo en duda la hazaña de los cerdos
Su vida dieron para que el rebaño
Les sepultara en cajas de cartón.
Sé que ellos lo intentaron de verdad
Pero nunca mantuve un alma quieta
Que nunca merecí la soledad
Nadie merece aprender a viajar
Antes de aprender a hacer la maleta
Sé que nunca hice bien al naufragar
Juro que esta vez no tuve elección.
Quisiera ser un caballero andante
Siempre fui aquel soldado sin fortuna
Un dictador rebelde extravagante
De nada y menos a cuatro sirenas
Rescaté en el lado oscuro de la Luna
Que es donde cobro a fuego mi condena
Por llevar mi barco hacia su canción.
José Cuquerella
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